viernes, marzo 4

J'adore



Hay un par de temas de los que tengo ganas de escribir hace un tiempo. El primero de ellos es el de la crisis, pero no la crisis existencial, o la crisis de pareja o la de los treinta; es sobre la crisis económica que desde hace tres años ha venido azotando el país. En estos tiempo hay un clima de desesperanza y una serie de contradicciones por parte del gobierno. En tiempos de crisis las calles se han poblado de mendigos que piden dinero, de jóvenes en los semáforos limpiando los coches, de músicos que transitan por las líneas del metro entonando canciones típicas de sus países de origen a la espera de la caridad. En tiempos de crisis las miradas son enemigas, son sorprendentes, corrosivas y hasta indiferentes.
En tiempos de crisis, como en río revuelto, los poderosos quieren sacar provecho.

Lo segundo sobre lo cual quiero escribir es sobre los estudiantes que sorprenden, que te hacen sentir bien. Estas dos semanas del mes he tenido un grupo de estudiantes de Francia, quienes a diferencia de los jóvenes que rondan estos lugares, resultaron ser un digno modelo a seguir: respetuosos, interesados e interesantes, exorbitantemente cultos y con muchas ganas de aprender. Cosa que llama bastante la atención, porque el común de los chicos entre 15, 17 y hasta veintitantos años no es justamente el amor por el estudio ni el esfuerzo en el mismo.
Total: oda a la alegría a mis chicos made in france.