Hace un par de días fue mi cumpleaños número 37 el que prefiero desglozar en 3+7=10 y que dé como resultado un número que siga prometiendo cosas maravillosas y suene menos "escandaloso". Últimamente veo a mis estudiantes y digo:-caray, en qué momento se me pasaron los 20!!!! Cómo es posible que no los haya sentido, aunque, haciendo un poco de conciencia creo que antes que los 20 han sido mejor los 30.
Hoy pienso en las razones por las cuales no me gusta cumplir años, -situación inexorable- e indagando un poco he concluído que más allá del hecho en sí de sumar un número a la vida, lo que realmente me incomoda es celebrarlo. Veamos:
M estaba hecho una fiesta por mi cumpleaños, creo que lo celebró más que yo, y su sonrisa era más festiva que la mia, entonces me dijo: ¡Que bien que cumplas años! ¿No?- Entonces retrocedí a mis diez o doce o quince años y vi la figura miliraresca de mi padre que todo lo arruinaba con sus órdenes extremas y su extraña forma de transmitir cariño a través de una amargura y rigidéz que no he logrado comprender. Sentí que no me gustan mis celebraciones de cumpleaños, porque mi padre convertía un pastel y unas velas en un motivo para hacer alarde de su hombría a través de frases humillantes y momentos incómodos para todas. No he logrado liberarme de ello.
Luego veo a mi sobri J.D. cantándome con toda su alegría e ilusión un cumpleaños feliz lleno de toda la felicidad que pueda existir en el mundo, adornada con montones de besitos y aplausos y pienso: Que bien que corren otros tiempos, otros vientos, otros lugares y sus cumpleaños serán más felices que los mios.
Por mi parte, espero poder librerarme y algún día hacer una gran fiesta y celebrar.
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