jueves, enero 14



A mi compañero de camino, con quien he descubierto tantas otras cosas bellas de la vida.

jueves, diciembre 3

Señor: hoy tengo que decirte que estoy realmente enojada contigo. Lo siento pero es verdad. Cuando estaba en el colegio, las hermanas me enseñaron que eras un ser generoso, que si teníamos fé al hablar contigo,concedías los favores que se te pedían. También me enseñaron que habías creado al hombre y a la mujer a tu imagen y semejanza, pero ¿qué entendías tú o las monjas o la biblia sobre imagen y semejanza? Yo veo que creaste a unos seres tan diversos, tan absolutamente diferentes los unos de los otros, que no hay ningún punto de encuentro entre ellos, excepto las ansias de dinero y poder.
Señor, por si se te olvida, yo nací en un país que se encuentra en una esquina de América del Sur, se llama Colombia, allí vive ahora toda mi familia y mis amigos, y también tengo un pequeño apartamento, que estoy pagando. En Colombia, como te decía, crecí, estudié hasta la universidad y un postgrado, también trabajé como profesora muchos años y conocí a personas muy valiosas y aprendí un montón de cosas, que en efecto forman parte de lo que soy,como mujer y como profesional y perdóname por hablarte de mi, pero creo que soy una buena mujer, como lo son mi madre y mis cinco hermanas, que no paran de trabajar por sus hijos, incluso mi mami, que ya ha pasado los sesenta y debería estar descansando, o leyendo cuentos a sus nietos, o cobrando una pensión de jubilación, pero no es así, y créeme que no es la única mujer; en mi país hay cientos como ella.
Bueno, volviendo al tema Colombia, te hablo de este país; porque aunque ya no vivo allí desde hace tres años, he podido descubrir y enterarme de las injusticias y lo mal recibidos que podemos ser los colombianos en cualquier rincón del mundo. Aunque si sirve de consuelo, por lo menos Estados Unidos nos quiere para poner sus bases militares allí, pero a los pobres africanos, como en la película que ví el domingo pasado: Hotel Rwanda, ni para eso. Señor, una pregunta ¿ese era tu proyecto? Creo que a los colombianos se nos está negando el mundo, y bueno, aunque me puedas decir: -De qué te quejas Liliana, si tu estás al otro lado del charco y ya has tenido tu oportunidad,- Te podré contestar, es cierto y te agradezco por ello, porque ha sido una experiencia maravillosa y ahora conozco a un hombre que es aún más maravilloso, pero....... ¿qué pasa con los demás? Yo no puedo - como en este lado del mundo- acostumbrarme a mirarme (reflexivo, más no de reflexión) Yo crecí mirando y sintiendo también al otro, a los otros y a las otras. Y no alcanzo a comprender, por qué por el hecho de haber nacido en esa esquina de América Latina los países que tienen el poder, o que tienen más dinero jueguan con la dignidad, las ilusiones y el tiempo de los ciudadanos de mi país.
Señor, me siento como en una escena de alguna obra del Teatro del Absurdo, donde los que tienen el poder, te sonríen con sarcasmo, se muestran amables y ponen una lista de requisitos a tu solicitud. Y tú cumples la tarea juicioso, con un poco de prisa y dejando en ella el corazón, y aunque puedan seguir mostrándose "amables" ya de antemano saben que aunque tu labor merezca un notable, te van a decir que no, porque eres de Colombia, que no se te olvide.
Señor, ¿No crees que sería más honesto decir de antemano a las personas que no pierdan su tiempo, que no pidan permiso en su trabajo, que no hagan enormes filas, que no dejen su dinero en sellos, fotocopias, notarías, correos, y sobre todo, que no se hagan ilusiones y que no se den a la posiblidad de soñar, porque ellos tienen el poder y bajo ordenes te van a decir que no?
Creo que debería estar escribiendo cartas a algún periódico, o armando un grupo en facebook, o enviando un fax a esa embajada -porque claro, intenté llamar varias veces y responde siempre la máquina- o buscando a alguna ONG para quejarme, para expresar mi dolor y decirle a los de mi país que no sean parte de esa escena absurda que protagonicé, pero no es así, te estoy escribiendo a tí, con todo mi dolor, con el dolor de mi familia, porque me enseñaron las monjas del colegio que tú eras comprensivo y que sabías escuchar, y bueno, a todo esto le sumo que es posible que de esta manera no tenga problemas con lo que se llama justicia, y porque sencillamente aún creo en tí.
Hoy como Mafalda, Señor, quisiera detener el mundo, dar un salto y bajarme

viernes, noviembre 13

un año más





La vida nos hace dar vueltas, o quizás somos nosotros quienes le damos vueltas a la vida y luego le otorgamos toda la responsabilidad, en fin.... Tengo un ahora que no me lo esperaba pero que elegí. Un ahora que tiene muchos vacíos -que no creo que se llenen- un ahora con muchos miedos y dudas también. Un ahora que me ha permitido descubrir lo opuesto que puede ser el mundo, lo diferentes que son las pieles y lo que ellas contienen.

Sin embargo, antes que pensar en este ahora podría pensar en el mañana e intentar mirar a través del cerrojo del tiempo.......

domingo, noviembre 1

Retazos



Querido J ¿Es acaso muy dificil ser un hombre de bien, un buen hombre?

martes, octubre 13

El mundo, en esencia sigue siendo el mismo.


Las películas de Alejando Amenábar me han gustado siempre, incluyendo su opera prima, que me tuvo presa de pánico unos cuantos días. Ayer fui al cine a ver Ágora, y con gran tristeza pude ver que nos estaba diciendo a todos los humanos que somos unos tontos, unos egoístas, unos seres ridículos. Toda la historia de la humanidad está cimentada en guerras, en enfrentamientos de los unos contra los otros. Las razones han sido diversas, pero las diferencias y las faltas de tolerancia las resolvemos con con peleas, con puñales, con ametralladoras, con tanques de guerra.
Del mundo.... ha cambiado su forma de desplazarse, de "comunicarse" de combatir las enfermedades. Han cambiado las calles, las avenidas, los edificios... pero los humanos ¿hemos cambiado? Nos enceguecemos en ira porque nuestro equipo de fútbol perdió, y asesinamos seguidores del otro equipo en cualquier callejuela. Asesinamos a nuestra pareja porque no sabemos mediar las diferencias que irremediablemente aparecen cuando se convive y cuando no. Asesinamos a nuestros hijos, a nuestros padres. Nos aferramos a principios religiosos que vienen siendo los que dictaminan el final en el trato hacia el otro, porque no nos cabe que el otro, o la otra, o los otros, sean diferentes, piensen diferente y luzcan diferente.
¿Cuándo aprenderemos a respetar la verdad de los demás? Creo que el mundo no ha cambiado, sigue siendo el mismo.